España supera por primera vez la presión fiscal de la OCDE

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Los ciudadanos españoles soportan más impuestos que la media de los países desarrollados de la OCDE, después de que por primera vez en la historia, la presion fiscal del país se haya situado por encima de los registros del resto de grandes economías. El peso de los tributos en España subió en 2018 hasta el 34,4% del Producto Interior Bruto (PIB); representa siete décimas más que en el ejercicio anterior; y, sobre todo, se sitúa por encima del 34,2% de la OCDE.

Este repunte de la presión fiscal del año pasado supone un nuevo avance con respecto al que ya experimentó la fiscalidad de la economía española en 2017, cuando esa estadística subió cuatro décimas, hasta el 33,7%, aunque no fue suficiente para situarse en la parte alta de la tabla tributaria de la OCDE.

El sistema tributario sí ha superado ahora esa barrera, según el último informe fiscal elaborado por la organización con sede en París, fundamentalmente por el incremento del peso que ha tenido el Impuesto sobre la Renta, esto es, la tributación de los empleados, pensionistas y personas físicas en general con ingresos declarados. En concreto, el peso de los tributos como el IRPF sobre el conjunto de la presión fiscal soportada ha subido hasta el 21,8% del total, frente al 21,4% del año anterior.

La ‘subida’ del IRPF se debe al buen comportamiento que tuvieron los ingresos tributarios por esta figura durante 2018. En ese año, la Administración recaudó82.859 millones de euros, un 7,6% más que en 2017. Una de las causas principales de este crecimiento fue, según explica la Agencia Tributaria en su último informe anual, «el aumento de las retenciones del trabajo y los buenos resultados en la declaración», aunque también se debe al dinamismo de los pagos fraccionados y las retenciones por rentas del capital (beneficios por inversiones, ahorros, etc.), con «incrementos significativos», según el fisco. La propia actividad económica explica este incremento de ingresos por Renta, en un año en el que los ingresos brutos de los hogares crecieron un 5,2%, un punto más que en 2017; así como por las subidas de las pensiones y salarios de los funcionarios, que tuvieron carácter retroactivo desde el 1 de enero de ese año.

Sin embargo, la aprobación en julio de 2018 de los Presupuestos Generales de 2018, en la que se incluían esas medidas para jubilados y trabajadores públicos, «limitó» la recaudación de la Renta por la bajada de las retenciones a quienes tienen menos ingresos y por la devolución ligada a la prestación por maternidad. Esas cuentas públicas, tramitadas por el Gobierno de Mariano Rajoy, son las que siguen en vigor por la prórroga presupuestaria de este ejercicio, a la espera de la formación del nuevo Ejecutivo.

El peso del resto de impuestos apenas ha cambiado en el último año, según el informe de la OCDE. El de Sociedades, que grava los beneficios de las empresas, representa un 6,8% del PIB, el mismo nivel que en 2017 a pesar de las sucesivas reformas de esta figura tributaria. Ocurre lo mismo con el IVA, con un peso del 19,1% sobre la riqueza nacional, exactamente el mismo porcentaje que 12 meses antes. Y en cuanto a las cotizaciones a la Seguridad Social, cuyos ingresos también son tenidos en cuenta para calcular la presión fiscal, suponen un 34%, dos décimas menos que en el ejercicio anterior.

Mientras que en España la presión fiscal ha subido siete décimas, en el conjunto de países de la OCDE ese ascenso ha sido casi inapreciable, de dos centésimas, lo que ha supuesto una interrupción de la tendencia desde 2009 en los comienzos de la crisis y que se explica esencialmente por Estados Unidos. Aunque hubo 15 países que redujeron su nivel de impuestos, EE UU fue el que lo hizo de forma más pronunciada, con una disminución de 2,5 puntos del PIB hasta el 24,3% por los recortes en los impuestos de sucesiones y la renta, así como por otras medidas similares aplicadas en la Administración Trump.

Se observaron también caídas en la fiscalidad superiores a un punto del PIB en Hungría (1,6 puntos al 36,6 %) y en Israel (1,4 puntos al 31,1 %). En el otro extremo, donde más se incrementó en términos relativos el peso de los impuestos el pasado año fue en Corea del Sur (1,5 puntos, al 28,4% del PIB) y en Luxemburgo (1,3 puntos al 40,1%).

Francia repitió como el país con mayor fiscalidad de la OCDE, con un 46,1%, después de haber adelantado a Dinamarca, que había estado en cabeza desde 2002 hasta 2016. A continuación se colocaron Bélgica, Suecia, Finlandia, Italia, Austria, Grecia, Noruega y Luxemburgo, todos ellos por encima del 40%.

Cierran la lista México, donde los impuestos supusieron en 2018 un 16,1% del PIB, Chile (21,1%), Irlanda (22,3%), Estados Unidos (24,3%) y Turquía (24,4 %). Grecia es el país que más ha incrementado su fiscalidad, en concreto 6,9 puntos en 10 años desde 2008, en plena crisis. Por el contrario, Irlanda la disminuyó 6,2 puntos durante ese periodo.



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