Hotel Amarla, un santuario de tranquilidad en Cartagena – Viajar – Vida

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Amarla es un santuario de tranquilidad y elegancia rústica en el corazón de la ciudad amurallada de Cartagena. Pero más que un hotel, es una casa familiar que relata un cuento mágico y caribeño a través de su arquitectura, diseño interior, gastronomía y hospitalidad.

Con seis habitaciones que llevan los nombres de aves nativas y un área de 1.000 metros cuadrados, el hotel, que abrió sus puertas a inicios de 2019, está ubicado en una casona del siglo XVII. La inspiración detrás del concepto de decoración surgió durante el proceso de sus fundadores de conocer Cartagena.

“Nos encantaron la vitalidad y colores de las aves tropicales de la región. Esto fue un detalle que desarrollamos para darle un toque de color y personalidad única a cada habitación. Los materiales tradicionales fueron parte fundamental para la creación del concepto; se usaron creaciones en bronce, maderas finas, piedras, telas, hasta una extensa jardinería tropical”, dice Robin Faulkner, cofundador y director creativo.

Una de las bases más importantes de este proyecto fue el trabajo en conjunto con artesanos locales, los cuales se involucraron en la confección de detalles manuales.
“En cada rincón de la casona se encuentran artículos con mucha historia o hechos con mucho amor y destreza por artistas y artesanos, los cuales representan el cruce de caminos de culturas y de épocas pasadas en este hermoso rincón del Caribe”, agrega Faulkner. Adicionalmente, el hotel cuenta con detalles únicos en su decoración, como obras de arte de Gournay y las alfombras de Verdi Design.

El hotel ofrece otro tipo de actividades y experiencias como clases de champeta, salsa y yoga, masajes, catas de ron o café, cenas a la luz de la luna y clases de cocina.

Por su parte, la terraza del hotel ofrece una de las mejores vistas de Cartagena: el campanario mostaza y burdeos de la catedral de Santa Catalina de Alejandría, que está enmarcado por el casco antiguo de Cartagena. Esta vista panorámica se disfruta fácilmente desde el interior de la piscina, a través de las palmeras o desde los asientos acolchados.

Así mismo, el hotel ofrece otro tipo de actividades y experiencias como clases de champeta, salsa y yoga, masajes, catas de ron o café, cenas a la luz de la luna y clases de cocina, además de clases para armar y probar puros.

“La llamamos ‘Amarla’ de amar. Y es que resume nuestros sentimientos y expresa nuestro deseo de que el hotel se convierta en un hogar lejos del hogar para los viajeros de todo el mundo… El diseño de cada espacio es una invitación a escapar de la vida cotidiana para dejarse envolver en el romance y misterio de esta joya caribeña. Amarla es nuestra forma de ver el mundo”, comenta Faulkner.

CAMILA VILLAMIL
PARA EL TIEMPO



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